Las palabras pesan. Tienen fuerza. Y más que nada, transmiten ideas, conceptos, mensajes. Por eso, cuando leímos días atrás un tuit de la Misión Diplomática palestina en Colombia, nos embargó una profunda preocupación.
«El fin de Israel es el objetivo de nuestra lucha, y no tiene en cuenta concesión ni mediación. No queremos paz, queremos guerra, victoria», era la cita que allí aparecía, firmada por el otrora líder palestino Yasser Arafat. Los representantes palestinos en Bogotá, que trinan últimamente bastantes frases de Mahmud Darwish, considerado el poeta nacional palestino, eligieron esta vez otra cita, pero nada poética por cierto.
No la busquen porque ya no está. Desapareció por arte de magia…no está claro si se esfumó porque alguien captó el problema por su iniciativa y lo borró, o si lo quitaron después de la terminante reacción del Embajador israelí en Colombia Marco Sermonetta que condenó esa frase en un video que ha circulado intensamente en las redes en los últimos días.
Y yo me pregunto qué le pasa por la cabeza a un diplomático palestino que sube a la cuenta oficial de twitter de la delegación, una cita como esa. ¿No era que el problema es que Netanyahu, según alegan los palestinos, no quiere negociar?
Sí, es cierto que el gobierno israelí actual incluye varios elementos ultra conservadores que no creen ni una palabra a los palestinos y por ende no se apuran a sentarse con ellos a negociar. ¿Pero qué importa su identidad política, cuando de fondo está el citado enfoque de Arafat?
Suponemos que una misión diplomática no necesariamente aguarda órdenes explícitas de su central para escribir un tuit. Pero escribe sobre lo que le resulta clave, sobre lo que considera le caracteriza, le representa…Entonces…¿qué hace ahí «El fin de Israel es el objetivo de nuestra lucha , y no tiene en cuenta concesión ni mediación. No queremos paz, queremos guerra, victoria»?
Ineludiblemente, choca en especial leer eso justo en medio de un proceso de reconciliación interno palestino en el que hay varias luces rojas de alarma que no pueden no interesar a Israel.
Días atrás, cuando el gabinete de seguridad israelí se reunió para debatir el reciente acuerdo de unidad palestina, pensamos que sería bueno que no cierre totalmente la puerta al proceso de reconciliación. Aunque de entrada veíamos con gran escepticismo el tema, por conocer en detalle la esencia de Hamas y por saber que los temas más delicados y problemáticos aún no habían sido siquiera tratados, no queríamos perder la esperanza que la unidad pueda conducir a algo positivo.
Pensamos que si Israel no habla demasiado sobre lo que estaba ocurriendo del lado palestino, tampoco se le podría acusar por ninguno de los desenlaces posibles. Y como en definitiva terminar con la división interna palestina debe ser un tema de los propios palestinos, pues que Israel espere, atento, sin interferir.
Cuando terminó la sesión y el gabinete publicó su resolución aclarando que no negociará con un gobierno palestino basado en Hamas, en tanto Hamas no renuncie al terrorismo (entre otras condiciones), no vimos en su contenido nada carente de lógica. Las condiciones de Israel, además, eran las mismas que las planteadas ya años atrás por el cuarteto compuesto por la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia y las Naciones Unidas.
El hecho es que no demoraron en llegar del lado palestino las señales que confirmaban cuán justificado era nuestro escepticismo.
Uno de los ejemplos más claros, fueron las declaraciones de Yehia Sinwar, número uno de Hamas desde hace varios meses, ex jefe del brazo armado de la organización. «Nadie desarmará a Hamas», dijo Sinwar, en una afirmación que debería preocupar también a la Autoridad Palestina que seguramente no olvida la violencia con que fue expulsada de Gaza por Hamas hace diez años. Y con ello, otro agregado categórico: «El debate en Hamas no es si reconocer o no a Israel sino cuándo lo borraremos del mapa».
¿Puede quedar alguna duda?
O sea, en la práctica, probablemente el propio Sinwar sepa que eso no es posible. Que a Israel no lo borrará del mapa. Pero si continúa cavando túneles y fabricando cohetes, es porque quiere prepararse para el momento en que considere oportuno volver a lanzar atentados como ha hecho en tantas oportunidades.
Y este sábado, para que esté todo claro, una delegación de Hamas viajó a Teherán a «asegurar el apoyo financiero y logístico iraní». De eso no sale por cierto nada bueno. Uno de sus miembros., Taher el Nunu, recalcó la mejora en las relaciones con Irán en los últimos meses y aseguró que no hay contradicción ninguna entre el vínculo con Teherán y el proceso de unidad palestina.
«Hamas es una organización de resistencia popular y como tal, es natural que desarrolle relaciones con los países árabes y musulmanes que creen en la causa palestina»-declaró el-Nunu.
Claro que las palabras dichas con ligereza, no pueden ocultar verdades: lo que ha hecho Irán siempre, absolutamente siempre, ha sido oponerse a toda opción negociadora entre Israel y sus vecinos, a toda posibilidad de acuerdo. Evidentemente siempre lo disfrazó de deseo de velar por los intereses palestinos. Pero armado a terroristas y calificando a los negociadores de «traidores», no ayudaban en nada a los palestinos. Irán siempre se preocupó de armar y apoyar de todas las formas posibles, a los elementos más extremistas y reaccionarios de la región, desestabilizando regímenes a su antojo y apoyando atentados fuera de sus fronteras. En Buenos Aires aún lo tienen presente. Por partida doble.
¿Qué perspectivas promisorias pueden salir de los pronunciamientos de los últimos días, de las dos partes en el intento de reconciliación?
Mensajes, no palabras sueltas
24/Oct/2017
Montevideo Portal, por Ana Jerozolimski